Un Nivel Umbral

CONSEJO DE EUROPA
STRASBOURG 1979

PETER J. SLAGTER
UNIVERSIDAD DE UTRECHT

NOTA DE LOS EDITORES

Agradecemos al Dr. Peter Jan Slagter su autorización expresa para la publicación de su trabajo en soporte informático. Sin ella y sin su proverbial amabilidad, no hubiera sido posible que el lector tuviera en sus manos o en su pantalla este libro.

La trascendencia histórica de este Nivel Umbral para la didáctica de lenguas en general y del español en particular aconsejaba una reedición del mismo a fin de que docentes e investigadores pudieran acceder a una obra significativa, cuya edición en su formato original se hallaba agotada desde hace años.

Esta publicación se inscribe en la labor de la Biblioteca Histórica de marcoELE de recuperar artículos y trabajos descatalogados que sin embargo mantienen vigencia para la investigación o para la formación del profesorado del Español como Lengua Extranjera.

Aunque se han modificado algunos aspectos tipográficos y de formato para mejorar la legibilidad del documento, la presente edición respeta -en la medida en que ha sido posible- la paginación mecanografiada del original de 1979 con el objeto de que la mayor parte de las citaciones de la obra resulten coincidentes. Asimismo esta edición subsana, sin indicaciones explícitas, algunas erratas tipográficas o de edición detectadas en la primera versión publicada (en otros casos las modificaciones se indican con la correspondiente nota a pie de página).

Diciembre de 2007

JUAN TOLOSA MONTESINOS
AGUSTÍN YAGÜE BARREDO
EDITORES

PREFACIO A LA PRESENTE EDICIÓN

Este trabajo mío que se publicó en 1979 en el fondo lo terminé ya en el 1976-77, al poco tiempo de sorprenderme John Trim en el congreso de Estocolmo de 1975 con la muy británica frase de que “muy amablemente, el señor Slagter se ofreció para preparar una versión española del Threshold Level” el texto primitivo que acababan de presentar mi jefe de entonces, Jan A. van Ek, director del Departamento de Lingüística Aplicada de la Facultad de Letras de la Universidad de Utrecht, y él mismo, catedrático británico de lingüística hasta la médula. Yo había accedido a ese congreso, no por mis vínculos laborales con Van Ek, sino porque en televisión educativa, donde mi director de televisión, Ad Krechting y yo, acabábamos de emitir un curso de español por televisión (en blanco y negro), y donde nadie sabía muy bien a quién delegar la tarea de dar acta de presencia en ese primer congreso de difusión y toma de contacto con las grandes cadenas de televisión europeas para dar la necesaria difusión a las ideas del grupo de expertos del Consejo de Europa de entonces, a fin de conseguir que esas cadenas se dispusieran a crear cursos multimedia para sus respectivos públicos nacionales a la mayor escala posible. En esos primeros años los públicos meta eran los posibles alumnos adultos, no los jóvenes en edad escolar. Y curiosamente, lo que se presentaba como una serie de propuestas, posibles objetivos de comunicación para uso individual, de contactos casi íntimos, interpersonales, de encuentros directos con hablantes de la lengua meta en cuestión, se presentaba a través de esas mismas cadenas a públicos más bien masivos.

La verdad era que a mediados de esa semana extraordinariamente interesante para mí, porque no tenía idea del rumbo que estaban tomando esas ideas, se me había ocurrido, al cruzarme con John Trim en un pasillo, y como quien no quiere la cosa, expresar nada más que mi extrañeza de que allí, en ese grupo, hubiera gente que se esforzaba por preparar documentos genéricos como el nivel umbral (de otros niveles en esos momentos no se hablaba, pese a que el término de unit-credit se había acuñado ya), y que se trabajara en documentos que respetaban la relación de fuerzas reinante en esos momentos: inglés, francés y alemán, y que de nadie hablara ni hubiera visos de que se añadiera el español a esa lista de tareas necesarias. Esto habrá sido el miércoles de esa semana, y Trim, sin consultarme para nada, anunció en su discurso de clausura, el viernes de esa semana, la frase que acabo de citar.

A lo cual yo no tuve más remedio que ponerme a hacer lo que se me pedía que era preparar un documento que fuera una versión lo más fiel posible del ejemplo inglés y que listara los elementos necesarios para aquellos alumnos que quisieran saber expresarse en castellano según el listado funcional y nocional del documento madre. No se me pedían críticas, ni revisiones, ni propuestas de enriquecimientos. Incluso se me prohibió tajantemente que añadiera funciones o nociones, incluso si podían justificarse en un plan curricular dirigido al mundo hispánico. Se trataba de explorar la amplitud de ese repertorio plasmado en una lengua románica. Aparentemente, se veía venir ya el macrovolumen francés titulado Un niveau seuilque por sí solo contaba con cinco o seis veces más páginas que el threshold level de Van Ek y Trim.

No interesa insistir en los malentendidos que causó el borrador entre académicos españoles llamados a evaluarlo. No era, en contra de cómo se interpretó, ningún curso nuevo, ni era manual de español ni de didáctica. Lo que sí era, reconozco que era novedoso, un repertorio de funciones y nociones, con sus exponentes lingüísticos propuestos para su negociación, nada más ni nada menos. Por mucho que insistiéramos en ese carácter abierto (“si no le interesa este exponente, pues lo cambia por otro, y tan amigos, seguirá siendo ‘un nivel umbral’“), el texto estaba ahí, impreso, y con aspecto de definitivo, impuesto e inalterable.

Afortunadamente, todos esos malentendidos acabaron por disolverse, y muchos colegas, como el cuarteto que se dio a conocer como el equipo Pragma, inventó su propio nivel umbral a base de muestras de lengua que me encantaría haber podido usar -pero eran ligeramente posteriores y no nos conocíamos entonces- y la idea básica creció por cuenta propia, no por la amplia y generosa difusión que le dio el Consejo de Europa a esta mi modesta aportación. Por cierto, nunca brilló el Consejo en esos años por dar a conocer esta, y quizás otras publicaciones.Un nivel umbral (no el nivel umbral) conoció una vida “superprotegida”, casi sumergida, y si sobrevive es porque pese a todo, la idea que está a su base se desarrolló sola, en la vida profesional de tantísimos compañeros de entonces y de hoy a quienes saludo respetuosamente. Sin ellos se habría olvidado.

¿Por qué volver a publicarlo? Pues por su pobre difusión de entonces, y porque aunque yo casi no me lo pueda creer sigo recibiendo peticiones de compañeros muchas veces completamente desconocidos que desean saber dónde se puede conseguir. A los tantos años. Hoy en día, y gracias a los escáneres y a las páginas PDF, y al generoso empeño puesto por mi amigo Agustín Yagüe, les puedo contestar y guiarlos a una URL en condiciones. Muchas gracias por este tributo a unos años que para mí fueron capitales, formativos al máximo, en los que me apoyaron los expertos del Consejo de Europa de entonces, mayores que yo todos ellos, y mucho más experimentados, a quienes no les pareció extraño que un hablante no nativo del castellano preparara este texto para su lengua meta, la lengua que llevaba años enseñando ya. Y gracias a los tantísimos hablantes nativos, profesores de ELE, que entonces tampoco se llamaban así, que cogieron la idea, le dieron todas las vueltas que quisieran y que la dejaran mucho más bonita, rica y fuerte de lo que yo jamás pudiera haber imaginado.

Peter J. Slagter
Diciembre, 2007