El subjuntivo español como operador metalingüístico de gestión de la información

FRANCISCO MATTE BON
FACOLTÀ DI INTERPRETARIATO E TRADUZIONE DE LA LIBERA UNIVERSITÀ DEGLI STUDI “SAN PIO V” – ROMA

RESUMEN

El subjuntivo es uno de los grandes problemas de los que se ocupan desde hace siglos las gramáticas y al que todavía no se han dado respuestas satisfactorias. Se han escrito miles de páginas pero el tema sigue despertando interés, preocupación, angustia y polémica. Es uno de los objetos privilegiados de las observaciones de quienes luchan en defensa de la pureza de la lengua. En la didáctica de la lengua se considera desde siempre como un obstáculo con el que se encuentran los aprendientes extranjeros, incluso cuando en su propia lengua el subjuntivo funciona de manera muy parecida al español. Cabe preguntarse entonces si en algunos casos, sobre todo en la didáctica del español en Italia, donde el subjuntivo puede representar sólo un obstáculo limitado, no serán los profesores, los materiales o el planteamiento didáctico los que complican la cuestión más de lo necesario.

NOTA

“Il congiuntivo spagnolo come operatore metalinguistico di gestione delle informazion”», Rivista di Filologia e Letterature Ispaniche, IV, 2001, Pisa, Edizioni ETS, págs. 145-179.

Traducido del italiano por Teresa Martín Sánchez. La traducción ha sido revisada por el autor, quien ha aprovechado para matizar algunos puntos que en la edición original podían dar lugar a pequeñas ambigüedades. La versión original en italiano puede consultarse en la página: http://www.rom.unipi.it/RFLI.php

marcoELE agradece al profesor Matte Bon la cesión de este artículo y a los editores de la citada revista su autorización para la presente traducción.

EQUIPO DE REDACCIÓN DE marcoELE


Comentarios

  1. Juan Manuel Real escribió:

    Después de haber leído el artículo, me he animado a participar en el debate por dos motivos. En primer lugar porque, si bien es cierto que hay una serie de contextos donde la aparición del subjuntivo está conectada a la alusión a datos previos, no lo es menos que estos contextos son tan solo una parte de los contextos en los que aparece el subjuntivo: creo poder demostrar que Matte Bon ha confundido los efectos con las causas. La segunda, porque considero que el subjuntivo está coherentemente explicado por un trabajo más reciente que el de Matte Bon, “El concepto de declaración – no declaración como valor del subjuntivo” (Ruiz Campillo, 2006) y que además de satisfacer las necesidades explicativas, es plausible pedagógicamente, y creo que es una buena oportunidad para la confrontación de ideas. Además, y ya que he mencionado el aspecto pedagógico, creo que decirle al alumno que “el subjuntivo tiene la función de expresar que el dato al que se refiere es anterior al enunciado”, además de cerrarle las puertas a una elección modal acertada, le crearía un conflicto de competencias entre el subjuntivo y las perífrasis de haber + participio. Vamos viendo los ejemplos que aporta Matte, y contrastando ambas teorías.

    Antes de empezar, recomiendo al que quiera seguir esta intervención en el debate, que tenga a mano el artículo de Matte, ya que por cuestiones de espacio, no transcribiré sus ejemplos, tan solo mencionaré el número.

    Entrando ya en materia, es conveniente hacer referencia al ejemplo de Bosque, “Pepe esté loco”. Efectivamente, no es que sea de difícil interpretación, es que carece de ella. No significa nada. Esto viene dado por la naturaleza no declarativa del subjuntivo, que si se quiere definir de esta manera, consiste en no decir nada, en limitarse a poner en relación un sustantivo con una acción, pero sin que se ofrezcan elementos de juicio que nos permitan afirmar que dicho sustantivo es el sujeto lógico –no el gramatical- ni tampoco para negar dicho extremo (las posibles deficiencias de esta explicación de lo no declarativo son mías). Decir que “Pepe estaría loco” no implica afirmar la locura de Pepe, pero sí queda claro que el sujeto lógico de la acción es Pepe, que hay una relación declarable entre Pepe y la locura, que podemos acotarla en un contexto determinado. En el caso del subjuntivo, nada nos permite acotar la relación entre Pepe y la locura. Si no se declara nada, no se dice nada. Serán el resto de elementos de la frase los que se encarguen de dar un significado a la oración. No en vano se ha dicho, alguna vez, que el subjuntivo es un infinitivo conjugado.

    El ejemplo (1), “que venga Pedro”, evidentemente tiene una relación con datos anteriores a la enunciación, pero no menos que los tendría “que viene Pedro”. ¿Quién es Pedro, y a qué viene, y por dónde, y por qué me interesa eso a mí, etc.,?” Más bien, el caso con subjuntivo posee una lectura prospectiva, referida al futuro, por la virtualidad implícita en toda intención. No hay ningún elemento que indique que el dato de venir Pedro, que es el que aparece en subjuntivo, es anterior al enunciado, más bien todo lo contrario. En cambio, parece evidente que nadie declara que Pedro realiza la acción de venir en ningún contexto posible, es tan sólo un deseo, una orden, una concesión, un consejo, una invitación o cualquier otra interpretación pragmática que queramos hacer del concepto más amplio de “intencionalidad”. Y la intencionalidad nunca es declarable. En cambio “Que viene Pedro” sí que es algo declarable: lo estoy viendo, lo sé, lo creo, lo supongo…

    En el ejemplo 2 se nos dan dos opciones, la primera es en una subordinada temporal, la segunda, en una final con “para”. Sobre la primera hay que decir que expresa un momento indeterminado, por tanto, no declarable. Sobre la segunda, que es otro caso de “intencionalidad”: Hago esto con la intención de que venga Pedro, para que venga Pedro.

    Los casos de 3 y 4 nos responden, todos ellos, al tipo de ejemplo en el que Matte basa su teoría, digamos que son los únicos que realmente encajan en ella. Efectivamente, nos encontramos ante una recuperación de datos previos, pero lejos de ser esta la causa de la aparición del subjuntivo, no es más que un efecto de la naturaleza no declarativa del mismo: no declaramos nuevamente lo que ya conocemos.

    Los ejemplos 7 a 9 insisten en algo que es todo un acierto: el subjuntivo no tiene nada que ver con la irrealidad. Y efectivamente, vuelven a encajar en la premisa de volver a presentar datos previos a la enunciación. Pero no para volver a declararlos, no para repetirlos tal como los sabíamos, sino para valorarlos. Nuestra lengua ha optado en este caso por una tendencia a declarar el dato nuevo –la valoración o el comentario- y no declarar la información consabida. Es un mecanismo de realce lingüístico, bien explicado por la lingüística cognitiva a partir del concepto de perfil y base.

    En el ejemplo número 11a, efectivamente, la contradicción no la genera el subjuntivo, sino el presente de indicativo de “comprendo”. La contrafactualidad introducida por el condicional permite que se declare algo irreal, que el verbo venga a significar “puedo llegar a comprender”. En ningún caso que se comprenda ahora, puesto que aún se desconoce el voto de la otra persona.

    Por la misma razón, en 11b no tiene sentido el condicional para “comprendo”, porque se declara que el otro ha votado a los socialistas, por tanto, lo comprendes o no, no hay sitio para contrafactualidad, porque el voto es un hecho, una factualidad. Pero en cualquier caso, aquí el verbo comprender tiene un significado distinto al del ejemplo anterior. Mientras que en el primero significa “entender las causas del hecho que tenemos delante” (ser comprensivo con algo), en el segundo ejemplo significa “llegar a vislumbrar un hecho, suponerlo, asumirlo”. En el primer caso, «comprender» implica el hecho al que se le encuentra la lógica, por tanto, esta sería una matriz no declarativa, ya que no necesito declarar lo que ha sido declarado previamente, tan solo valorarlo como lógico. El segundo caso, «comprender» no implica ningún hecho, tan solo lo supone, de ahí que se declare el hecho que se supone. Es por lo tanto, una matriz declarativa.

    Esto de usar el mismo lexema con contenido semántico distinto es un malabarismo léxico muy frecuente cuando se habla sobre la cuestión modal:

    – Insisto en que se le paga bien a ese jardinero
    – Insisto en que se le pague bien a ese jardinero
    – Dice que Sergio se queda en casa
    – Dice que Sergio se quede en casa

    Una cosa es insistir en una declaración, y otra insistir en una no declaración. La primera, se entenderá como la insistencia en el dato que digo, la segunda, al no decirse nada con subjuntivo, se interpreta pragmáticamente como la insistencia en una determinada intención. Solo el subjuntivo, al no declarar nada, al “no decir nada”, permite dicha interpretación pragmática. Por otro lado, el valor semántico de “decir” y de “insistir” se diferencia, tan solo, en el número de veces que expreso la misma idea.

    Eso mismo explica que 12b no tenga sentido: Con todo lo que me has dicho, comprendo que has votado a los socialistas, *si es que les has votado. Es un contrasentido declarar por un lado que la persona ha votado a los socialistas, y por otro lado ponerlo en duda ¿En qué quedamos? No es, en cambio, ningún contrasentido, no declarar y ponerlo en duda, como ocurre en 12a.

    En cualquier caso, y llegados a este punto del artículo de Matte, creo justo insistir en que el subjuntivo explicado como el modo de la no declaración llega a la misma conclusión en lo siguiente: la oposición modal no es explicable en términos de certidumbre/incertidumbre.

    Respecto a los casos con «aunque», no creo exagerado asegurar que son los más fáciles de explicar mediante del concepto que nos proporciona Ruíz Campillo, y sin duda, de los que mejor aclaran la noción declaración/no declaración que sustenta la oposición modal. “Aunque” seguido de subjuntivo me sirve para tres cosas:

    1.- Para quitarle importancia en el discurso a un hecho consabido, y le quito importancia al no declararlo. Valga el símil “le apago las luces”, en la misma línea de perfil y base ya mencionada. Este es el famoso “aunque concesivo”. Recordemos el viejo ejemplo de Alarcos: Aunque gane dinero (como si esto lo fuera todo en la vida), ese negocio no es bueno. Evidentemente, esto es lo que ocurre en los ejemplos 15a, 15b y 15c: se deja a oscuras la zona en subjuntivo, que es a la que el hablante quiere restar importancia, y se ilumina, mediante la declaración en indicativo, la que se desea destacar.

    2.- Para ocultar una información que conozco, pero que no quiero revelar a mi interlocutor. No revelo esa información al no declararla: Aunque gane dinero (mi interlocutor ignora que yo soy el contable del dueño del negocio), ese negocio no es bueno. Oculto lo que sé sobre las ganancias del negocio, y me limito a declarar, simplemente, que el negocio no es bueno.

    3.- Por último, en la circunstancia en que yo desconozca si la persona a la que me refiero gana o no gana dinero: Aunque gane dinero (ni idea de las cuentas de la empresa), ese negocio no es bueno. Mi desconocimiento de la situación financiera no me permite declarar nada al respecto, por tanto no lo hago, me abstengo de entrar en el tema, y me limito a declarar mi opinión sobre la conveniencia del negocio, porque no todos los negocios que dejan dinero son convenientes.

    Respecto al ejemplo de Sarmiento “no sé si salga”, diremos que la respuesta parece simple, a la luz de los principios teóricos que venimos exponiendo. No hace mucho, en Formespa, una compañera salteña planteaba que en su comarca, el valle de Lerma, es común el uso de “a lo mejor” con subjuntivo, mientras que en las gramáticas al uso, tal empleo está proscrito. Yo mismo he tenido ocasión de oír “a lo mejor + subjuntivo” en un viaje reciente, ya que ahora resido en el sur de Brasil, por lo tanto, no me cabe duda de la exactitud de lo dicho por esta compañera. Tanto en el caso del “no sé si salga”, como el del “a lo mejor salga”, independientemente de que hayan prosperado o no la lengua estándar, o incluso de que el primero de los ejemplos exista o no, nada nos impide encontrarles una lógica: los hechos no se declaran, en el primer caso porque no se conocen, en el segundo porque tan solo se sienten probables. En realidad la forma “a lo mejor + subjuntivo” es un eslabón perdido que nos permite dar sentido a expresiones análogas: tal vez viene/venga, quizás viene/venga, etc.

    En los casos 17 y 18 la explicación es también simple. Lejos de complicarnos en el avispero de la dependencia del verbo respecto a otras frases, todo lo que tenemos, nuevamente, es una mayor o menor toma de distancia respecto a que aquel era el viaje a lo desconocido. Poniendo la frase en presente se nota aún mejor:

    – Pienso aterrado si no estaré muerto y este sea el postrer viaje a lo desconocido.
    – Pienso aterrado si no estaré muerto y este es el postrer viaje a lo desconocido.

    Pero quitando todo lo demás se nota aún mucho mejor:

    – este sea el postrer viaje a lo desconocido.
    – este es el postrer viaje a lo desconocido.

    El subjuntivo no declara nada, el indicativo sí, y nos permite variantes de un indudable cromatismo expresivo.

    Respecto al ejemplo de Bosque y las TPN, “No noté que supiera palabra de francés”, más que agramatical, que no lo es en absoluto, es simplemente absurdo, y perdón por la franqueza. ¿En qué situación se podría decir algo así? Pues es más bien complicado imaginárselo, pero el análisis a nivel de significado de sistema de las formas, es simple: “Yo no noté nada, por tanto no declaro que sabía palabra de francés”. Lo realmente raro sería el ejemplo con indicativo: “No noté que sabía palabra de francés”. Habría que dejarlo en “No noté que sabía francés”, declarar que la persona sabía francés aunque yo no lo noté. En definitiva, dos representaciones distintas de lo que puede ser una misma escena, concepto también muy fructífero de la lingüística cognitiva:

    – No le oí francés en ningún momento, por lo tanto, no puedo declarar que sabía. Independientemente de que luego se haya confirmado tal extremo.
    – No me di cuenta del hecho de que sabía francés, aunque luego se confirmó tal extremo.

    La propuesta teórica que Matte presenta en el epígrafe “Valor central del subjuntivo, una hipótesis por explorar”, en la que la idea central es que “el subjuntivo tiene la función de expresar que el dato al que se refiere es anterior al enunciado”, se muestra, a mi juicio, tan incapaz de explicar el significado de sistema del morfema de subjuntivo como las anteriormente criticadas –con acierto- a lo largo del artículo: irrealidad, volición, etc., por la misma razón: es cierto que el subjuntivo presenta información ya conocida, pero es inexacto que ese sea su principio operativo.

    Como ya he dicho antes, no es necesario volver a declarar lo que ya se sabe, de ahí que cualquier construcción en la que se retome una idea previa, ya sea para valorarla o comentarla, aparezca frecuentemente en subjuntivo, pero es necesario aclarar que huimos del formalismo, por lo que tiene de reduccionista: el hablante es muy libre de comentar una idea previa o valorarla al mismo tiempo que la declara, aunque no es la opción más frecuente.

    En los ejemplos 21a, c y e tenemos lo que ya hemos comentado: se recoge, claramente, una idea anterior para explicarla, comentarla o valorarla. Por lo tanto, esa idea aparece en subjuntivo, no se declara, y aparece en indicativo el comentario o la valoración, es decir, lo que sí se declara.

    En cambio, en el caso de 21b, la opción con indicativo es perfectamente posible, “no me contó que venía a Sintra”, retomando, de la misma manera, un hecho anterior a la enunciación, lo cual es un nuevo ejemplo de que tanto indicativo como subjuntivo pueden expresar que el dato al que se refiere es anterior al enunciado, lo cual deja a la teoría de Matte sin principio operativo mediante el que oponer ambos modos. En rigor y según lo argumentado por Matte, el siguiente ejemplo debería aparecer con subjuntivo:

    “Todos sabemos que llegaron”

    ¿Por qué aparece entonces un indicativo? ¿Acaso no tiene ese indicativo la función de “expresar que el dato al que se refiere es anterior al enunciado”? Sin duda. ¿Por qué aparece indicativo entonces? Porque el indicativo declara, y el subjuntivo no. La matriz “todos sabemos” no expresa ningún tipo de valoración, comentario o explicación: es puramente declarativa. Y como era de prever, aparece indicativo en ella, independientemente de que exprese que el dato al que se refiere es anterior al enunciado.

    En términos de declaración/no declaración, el ejemplo 21b es fácilmente explicable. Las dos opciones son admisibles: la de subjuntivo, porque si nadie me lo contó, carecía de argumentos para declararlo. La segunda, porque a la vista de la persona, ya tengo el argumento que necesita para poder hacerlo.

    En el caso 21d, el subjuntivo aparece porque la intencionalidad, como he dicho ya varias veces, no es declarable. El hablante no quiere decir que “alguien se sienta”, tan solo pretende que eso ocurra.

    Esto nos permite explicar que se expresen y repitan órdenes con indicativo: “Tú te quedas aquí” “Que he dicho que tú te quedas aquí”. La orden se presenta como una declaración: “No es que lo quiero, es que es así”, lo cual implica una manera muy contundente de expresar mis intenciones. A partir de lo planteado por Matte Bon, ejemplos como los anteriores carecerían de respuesta.

    Por último, en 21f, el hablante no declara que los tiempos cambian demasiado rápidamente para su gusto, tan solo se admite la posibilidad, independiente del efecto estilístico que esto conlleva.

    De los ejemplos que aparecen en 22 con “aunque”, ya he dicho lo que pensaba, así que no insistiré en ello. En 22d y 22e parece razonable que si algo no es cierto no lo declaremos, 22f es un nuevo caso de matriz valorativa o de comentario, se añade un dato nuevo: que Téllez es comprensivo respecto a un hecho determinado.

    En 22g, nuevamente aparece el mismo caso que en 21b. La frase podría aparecer en indicativo, a pesar de referirse, exactamente igual que la de indicativo, a un dato anterior: “que yo no estaba en casa no tuvo nada que ver”. Todo depende de la importancia que conceda el hablante al hecho de “no estar en casa”. Aquí, como vemos, es poca, porque no tuvo nada que ver, y el hablante refuerza su intención comunicativa no declarando un hecho que considera irrelevante, y que de manera absolutamente independiente a que se declare o no, es real. Finalmente, 22g, es un nuevo caso de matriz valorativa: se echa en cara X.

    Podría continuar, pero con lo dicho creo que ya es suficiente para plantear el debate, y la extensión de mi intervención ya empieza a acercarse a la de un artículo. Me limitaré tan solo a un nuevo par de contraejemplos:

    Me dijo que no llevaba el pasaporte
    Me dijo que no llevara el pasaporte

    Aquí ocurre justo lo contrario que Matte Bon plantea en su artículo, es decir, que es el indicativo el que se refiere a un dato anterior y el subjuntivo a un dato posterior, lo que nos volvería a dejar en fuera de juego con la teoría de Matte en la mano. En cambio, es evidente que en el primer ejemplo se está declarando un hecho (que lleva pasaporte), y que en el segundo, nadie declara que lleva o llevará pasaporte, tan solo se expresa la intención de que eso sea así.

    El tema da para mucho, pero tan solo me queda añadir mi agradecimiento a Francisco Matte Bon por su estimulante trabajo, por habernos puesto en las manos la primera gramática con intenciones plenamente comunicativas, y por su amabilidad al comprometerse a revisar este debate en la medida en que sus ocupaciones se lo permitan, sobre todo sabiendo que, previsiblemente, aparecerán alumnos respondones como yo hoy.

    Un saludo,

    Juan Manuel Real Espinosa.

  2. Agustín escribió:

    El asunto del subjuntivo ha dado mucho de que hablar estas últimas semanas y ha suscitado encendidos debates sobre los conceptos de declaración y los de informaciones temáticas y remáticas (sin que, a mi juicio, ambos conceptos estén necesariamente reñidos).

    En esos intercambios –en la lista Formespa y en la Comunidad TodoELE– los conceptos que podríamos calificar como “abstractos” han descendido con frecuencia a los ejemplos concretos –algo muy saludable a mi entender, pues ése es el territorio del aula-, y se han ofrecido explicaciones sensatas aunque no siempre esas explicaciones me han parecido fácilmente didactizables…

    Todo lo anterior no es para polemizar, sino para presentar un par de ejemplos concretos a los que no soy capaz de dar una explicación razonable ni tampoco una didactización plausible para mis estudiantes. Van, pues, consultas concretas, que emplazo aquí por tratarse de un foro abierto, público, y porque que se han presentado y vinculado dos entradas referidas al subjuntivo, las de los profesores Matte Bon y Ruiz Campillo.

    La primera. Hace algunas semanas en una clase (B1) de una colega (la consulta final me la transfirió una de sus estudiantes), los aprendientes indagaban cuántas personas en la clase tenían coche: el resultado –conocido por todos/as- fue que tres estudiantes tenían coche.

    A partir de ahí surgieron algunas formulaciones del tipo:

    Hay pocos estudiantes que TIENEN coche (en la clase).
    Hay pocos estudiantes que TENGAN coche (en la clase).

    La alternancia indicativo / subjuntivo parece razonable, pero pronto apareció un conflicto, en el que lo cultural podría tener algo que ver… Para la totalidad de los estudiantes europeos TRES personas con coche eran pocas, pero para Bing, una estudiante china, TRES personas con coche eran muchas (o bastantes)… Su formulación fue

    Hay muchos / bastantes estudiantes que TIENEN coche (en la clase).

    pero se dio de bruces con

    * Hay muchos / bastantes / varios / algunos estudiantes que TENGAN coche (en la clase).

    En todos los casos era una información sabida y compartida entre todas las personas de la clase, acerca de la cual se podían generar afirmaciones indubitables (aunque -visto el caso de Bing- relativas, según las culturas).

    Bing se extrañaba –con más razón que una santa- de por qué esa alternancia indicativo / subjuntivo no era posible en ese caso, algo que afectaba además a su visión del mundo…

    Las posibles explicaciones de la presunta “negativización” que implicaba “pocos/as” no me parecieron razonables, ni tampoco me pareció correcto proponer variaciones a su ejemplo:

    No hay muchas personas que TIENEN coche
    No hay muchas personas que TENGAN coche

    ¿Hay muchas personas que TIENEN coche?
    ¿Hay muchas personas que TENGAN coche?

    porque no ofrecían, a mi entender, luz nueva a su producción… Y de encontrar luz, tampoco se me ocurre cómo ofrecer una didactización razonable para el nivel.

    Ahí queda la consulta, mía y, claro, de Bing. Ambos os estaremos agradecidos de posibles explicaciones / didactizaciones….

    Otra más… También salida de la clase, mientras trabajábamos el discurso referido. La afirmación de partida eran las manifestaciones en la prensa de un imputado en un escándalo urbanístico (reales y frecuentes como la vida misma), algo así como: “Yo no me he llevado el dinero” (tampoco iba a decir lo contrario, ¿no?). El trabajo de transferir informaciones a otros compañeros/as generó producciones esperables del tipo:

    El imputado DIJO que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero

    Y también con otros verbos introductorios, como MANIFESTÓ, ASEGURÓ o AFIRMÓ. Y éste es el que nos trajo el lío:

    El imputado AFIRMÓ que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero (incluso: AFIRMÓ NO HABERSE LLEVADO EL DINERO), una declaración en toda regla tanto para el imputado como para el sujeto encargado de transferir a esa información.

    Pero si entendemos que esa afirmación lo es con todo rigor, en principio también debe serlo NEGÓ HABERSE LLEVADO EL DINERO, que no obstante nos da lugar a:

    * El imputado NEGÓ que se HABÍA LLEVADO el dinero

    que debe formularse en subjuntivo, sin que, a mi parecer, ni la explicación ni la didactización resulten obvias:

    El imputado NEGÓ que se HUBIERA LLEVADO el dinero…

    Lo dicho, entre el consultorio y el debate, mis gracias anticipadas.

  3. José P. Ruiz Campillo escribió:

    Querido Agustín:

    Por lo que a mí me afecta, ya que soy aludido, intento contarte cómo un “operativista” podría encarar los dos diferentes asuntos que planteas: uno, sinceramente, con mucho esfuerzo, y otro, en un pispás.

    Porque el primer caso, hasta donde alcanzo, se las trae. Para mí, en breve, la asimetría en la selección modal de tus ejemplos (Hay pocos estudiantes que TENGAN coche / * Hay muchos / bastantes / varios / algunos estudiantes que TENGAN coche) no afecta al valor unívoco del modo en estas construcciones de ‘identificación / no-identificación’ (generado lógicamente a través de la ‘declaración / no-declaración’ de la característica que especifica de qué tipo de entidad se trata).

    En realidad, es un fenómeno complicado donde se cruza el significado de los cuantificadores (cuyo funcionamiento gramatical se las trae, y además se las lleva) con el modo verbal como marca de especificación de entidades. Es decir, que las diferentes condiciones de selección son explicables, en mi opinión, solo si se tienen en cuenta, y se computan composicionalmente, las diferentes posibilidades de identificación conceptual que los cuantificadores ofrecen al hablante en cada caso de atribución de cualidades a una entidad. Demasiado abstracto, ya lo sé.

    Por eso sospecho que el desarrollo de esta idea por mi parte arrojaría una reflexión demasiado teórica, larga, pesada, y finalmente controvertible (incluso por mí mismo), y además ni siquiera creo que se pudiera encajar inmediatamente en lo que todos compartimos inmediatamente como “gramática”, es decir, que exigiría reflexiones bastante previas y demasiado generales que le quedan muy lejos a este formato. Dada esta aplastante evidencia, y sobre todo el hecho práctico de lo que más nos interesa aquí es, con justicia, la aplicación didáctica, no me cabe la menor duda de que lo más sensato es ahorrarme, y de paso ahorrarte, las parrafadas correspondientes.

    Eso sí, en términos didácticos, sin todo el rigor científico que me gustaría, algo de “truco de clase”, y siempre con la intención de plantear significativamente el fenómeno, yo no tengo empacho en compartir contigo que abordaría el problema, por ejemplo, invitando a los estudiantes a analizar la siguiente gradación (es un tipo de ejercicio que yo llamo “de sintonización”) y sacar una consecuencia lógica que pueda servir de “regla”:

    1. “No hay NINGÚN estudiante que”
    (subjuntivo obligatorio)

    2. “Hay POCOS / ESCASOS / CONTADOS estudiantes que”
    (más verosímilmente subjuntivo que indicativo)

    3. “Hay ALGUNOS / VARIOS / MUCHOS / BASTANTES / NUMEROSOS estudiantes que”
    (más verosímilmente indicativo que subjuntivo)

    4. “Hay TRES estudiantes que”
    (indicativo obligatorio)

    Igual, digo yo, los hace moverse en la dirección verosímil que tengo en mente (y eso que se llevan: cierta verosimilitud), o igual se inicia una discusión interesante acerca del significado de “ninguno” frente a “pocos”, “algunos”, o “tres”, y se buscan más ejemplos, y se llega a una especie de lógica local capaz de orientar sus producciones futuras (al menos yo haría algo así antes que darles la regla formalista del “Hay” / “No hay”…).

    O igual no y, siendo mucho más prácticos, concretos, solucionadores y condescendientes con aquellos estudiantes que odian pensar en cómo funciona realmente una lengua cuando aprenden una lengua (que los hay, aunque muchos menos que profesores), les daría la siguiente regla productiva que, por razones que le sería demasiado costoso explicitar al profesor y quizá comprender al estudiante, producirá sin embargo enunciados perfectamente aceptables siempre, sin excepción:

    “No hay NINGÚN estudiante que” (subjuntivo)
    “Hay POCOS / ESCASOS / CONTADOS estudiantes que” (subjuntivo)
    “Hay MUCHOS / BASTANTES / VARIOS / ALGUNOS estudiantes que” (indicativo)
    “Hay TRES estudiantes que” (indicativo).

    Porque tampoco hay que armar la de dios es Cristo para evitar una reglita tan facilona (y todavía sugerente, para aquel que quiera dejarse llevar por lógicas del significado lingüístico). Otra cosa es que a algunos les (o nos) guste explicarse también aquello que posiblemente no sería rentable trasladar punto por punto a toda aula, pero que nos llena de satisfacción (creer) entender.

    En cuanto al segundo problema que planteas, muy a diferencia del anterior, la solución se me antoja técnicamente facilísima (quizá lo difícil, o inusual, sea plantearse “técnicamente” el sistema gramatical). Aquí, la observancia de la “ley” y su lógica, estoy convencido, puede ser extraordinariamente rentable por la enorme capacidad de extensión de que dota al alumno al llegar a incorporarla después de un adecuado entrenamiento, y sobre todo por el carácter significativo de ese aprendizaje, que les permitirá decidir el modo comprendiéndolo (“sintiéndolo”) más que “recordándolo” (que es lo que hace un nativo, por cierto: usarlo bien porque lo “siente”).

    En relación, pues, a tu segundo ejemplo: el hecho de que en la frase “El imputado NEGÓ que se HUBIERA LLEVADO el dinero” deba “aparecer” subjuntivo no supone contradicción alguna con el concepto de declaración (es más, es uno de los ejemplos más inmediatos de su aplicabilidad).

    LA EXPLICACIÓN, EN BREVE: cuando un sujeto “niega X”, X no es su declaración. (¡Faltaría más!)

    Y a partir de aquí LA EXPLICACIÓN, AUMENTADA PERO NO CORREGIDA, que el buen entendedor de la breve se puede ahorrar sin perderse nada (y del que ya en este punto, pues, me despido cordialmente).

    Si decimos: “El imputado DIJO X” (que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero), o “El imputado AFIRMÓ X” (que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero), el indicativo en X (“se había llevado el dinero”) viene obligado en buena lógica por el hecho de que DECIR X (en este caso, en el sentido de ‘declarar’, no de ‘pedir’), ASEGURAR X, AFIRMAR X, O MANIFESTAR X, implica que X es una declaración, entendiendo declaración como:

    “Una manifestación formal y explícita de lo que un sujeto sabe (afirma) o piensa (supone)”.

    (Todo lo que he dicho, y sigue, se puede encontrar, aumentado y secuenciado, en http://www.cervantes-muenchen.de/es/05_lehrerfortb/Actas05-06/3JosePlacido.pdf)

    (Por tanto, podemos extender incluso la explicación a las matrices de suposición:

    El imputado SUPUSO que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero
    El imputado SE IMAGINABA que él NO SE HABRÍA LLEVADO el dinero
    El imputado SOSPECHABA que él NO SE HABÍA LLEVADO el dinero, ETC.)

    Hasta aquí, supongo, bien. Y ahora viene la necesidad de abandonar nuestra condición de hablantes y oyentes intuitivos (dejar la interpretación holística de los enunciados a que tan inteligentemente nos mueve nuestro cerebro, diseñado adaptativamente para sacar conclusiones válidas para la supervivencia, se correspondan o no con la “verdad”), y hacernos, exaptativamente, “técnicos en lenguaje” (reparar en su carácter composicional, el único que puede ayudar a un estudiante a reproducir conscientemente lo que hacemos de manera inconsciente, y el único que posibilita una explicación científica del lenguaje). Ejecutando este giro técnico, la cosa es caer en la cuenta de que cuando alguien usa un indicativo para formular un verbo, declara el contenido DEL VERBO QUE MARCA, y cuando usa subjuntivo, no-declara el contenido DEL VERBO QUE MARCA. Es decir, que la declaración o no-declaración de un hecho, como por otra parte es de cajón, afecta al VERBO QUE MARCA ese hecho con el modo seleccionado, no a cualquier otro verbo que “se encuentre por ahí”, ni de paso, ni por casualidad.

    Dices:

    “Si entendemos que esa afirmación lo es con todo rigor [que el indicativo marca declaración, y el subjuntivo no-declaración], en principio también debe serlo NEGÓ HABERSE LLEVADO EL DINERO, que no obstante nos da lugar a: * El imputado NEGÓ que se HABÍA LLEVADO el dinero que debe formularse en subjuntivo, sin que, a mi parecer, ni la explicación ni la didactización resulten obvias: El imputado NEGÓ que se HUBIERA LLEVADO el dinero”

    Efectivamente, la elección más neutra (o “legislativa”, como la llamaría yo) es el subjuntivo:

    “El imputado NEGÓ que se HUBIERA LLEVADO el dinero”

    Y, efectivamente, aquí hay una declaración (afirmativa, además):

    El hablante DECLARA que alguien NEGÓ.

    Pero atención:

    El imputado NO declara que “SE HABÍA LLEVADO” el dinero
    (de hecho, lo niega).

    Por eso, en “declaró que se había llevado” se declaran dos cosas (dos indicativos):
    a) que alguien DECLARÓ, y
    b) que alguien SE LLEVÓ.

    En cambio en “negó que se hubiera llevado” solo hay una declaración (y solo un indicativo):

    a) Alguien NEGÓ algo
    b) (no se declara ese “algo”, es decir, que “se había llevado el dinero”): por eso se dice “…que se hubiera llevado…”.

    Evidentemente, si este sujeto negó algo, lo lógico es que no se represente declarativamente ese algo, porque ese algo (“se llevó”) no es lo que él quiso declarar.

    Gráficamente, en absolutamente todos los siguientes ejemplos, y en una ilimitada cantidad más que evito copiar por obviedad) se declara EL VERBO DE LA ORACIÓN PRINCIPAL, pero solo en los tres primeros SE DECLARA EL VERBO SUBORDINADO (él-saber), y este es el quid de la cuestión:

    1. SÉ que lo SABE
    (quiero declarar que, en mi opinión, lo sabe)
    2. CREO que lo SABE
    (quiero declarar que, en mi opinión, lo sabe)
    3. Me PARECE que lo SABE
    (quiero declarar que, en mi opinión, lo sabe)

    4. QUIERO que lo sepa
    (no quiero declarar que, en mi opinión, “lo sabe”)
    5. No CREO que lo sepa
    (no quiero declarar que, en mi opinión, “lo sabe”)
    6. ES imposible que lo sepa
    (no quiero declarar que, en mi opinión, “lo sabe”)
    7. ESPERO que lo sepa
    (no quiero declarar que, en mi opinión, “lo sabe”)
    8. NIEGO que lo sepa
    (no quiero declarar que, en mi opinión, “lo sabe”)
    9. …

    ¿Didactizable? La ley de uso:

    “Si el significado de la matriz implica que la oración subordinada (X) es una declaración, usa el indicativo. En caso contrario, usa el subjuntivo.”

    En este caso en concreto, la elección indicativo / subjuntivo obedece a la siguiente lógica (artículo citado, pág. 34):

    Contexto 2a: Declarar una información

    ES VERDAD QUE + IND.

    POR QUÉ INDICATIVO. Cuando alguien dice que algo es verdad, quiere decir que ese algo forma parte de lo que él sabe o piensa sobre el mundo: Es verdad que Ana ES mi amiga.

    POR QUÉ NO SUBJUNTIVO. Si decimos Es verdad que Ana SEA mi amiga, decimos que eso es verdad (que Ana ES mi amiga), pero evitamos declarar eso mismo (que Ana ES mi amiga). ¿No hay una pequeña gran contradicción en declarar que algo es verdad, y no declarar después formalmente ese algo?

    Contexto 2b: Cuestionar una información

    ES DUDOSO QUE + IND.

    POR QUÉ SUBJUNTIVO. Si decimos que algo es dudoso, está claro que cuestionamos su contenido, y por lo tanto, que que nuestra intención no es declarar ese algo. Queremos limitarnos a decir que, para nosotros, es dudoso.

    POR QUÉ NO INDICATIVO. Si dijéramos Es dudoso que Ana ES mi amiga, estaríamos declarando que Ana ES mi amiga. Entonces, ¿por qué íbamos a decir que es dudoso, poniendo en cuestión explícitamente el mismo hecho que declaramos formalmente? ¿No sería una pequeña gran inconsecuencia?

    Esta es la lógica, y exige, insisto, fijar nuestra atención en la declaración o no DEL VERBO SUBORDINADO.

    A partir de aquí, donde dice “Es verdad que” se pueden poner toda aquella inmensidad de matrices que, traducidas a cualquier lengua, implican que lo que sigue es una declaración del sujeto (Está claro que, Es evidente que, Estoy seguro de que, Creo que, Pienso que, Me imagino que, Supongo que, Sospecho que, Sé que, Me han dicho que, No pongo en duda que…).

    Y donde dice “es dudoso” caben toda aquella ilimitada cantidad de matrices con las que, en cualquier lengua, el hablante introduce una idea cuestionada, en diverso grado, por el sujeto (Es posible (solo posible) que, Puede ser que, No creo que, Es falso que, Es mentira que, Es imposible que, Dudo mucho que, No me parece que, Me resisto a creer que…).

    ¿Difícil para Jennifer? Yo no creo que sea un procedimiento objetivamente más difícil para ella que el tradicional “trágate la lista número 12 y regurgítala a demanda del ejercicio de la página 23” (ejercicio que representa el límite de su dominio actual, por cierto), teniendo en cuenta que el número de estas lista y las páginas de los ejercicios no hacen sino multiplicarse caóticamente.

    Eso sí, es un procedimiento diferente, muy diferente de lo que Jennifer tiene por costumbre hacer en su clase: le exige pensar en cómo funciona una lengua. En una clase, por cierto, de Lengua, donde lo que se dice y cómo se dice incluso PUEDE TENER SENTIDO, si queremos (a diferencia de la lista de los reyes Godos o los afluentes del Guadiana, que no dejan al pobre profesor de historia o geografía tanto margen de “aprendizaje significativo”).

    Espero, en fin, de corazón, haber sido útil en el esclarecimiento del segundo misterio, y lo siento si he dejado el primero entre algo parecido a tinieblas, pero qué más quisiera yo que tener una explicación tan sencilla y directa para un caso como para el otro, o en su defecto poder explicar en pocas líneas algo que necesitaba muchas. Si alguien la tiene, pues yo voto a bríos (en las urnas dispuestas al efecto) que no me la perderé.

    Saludos.

    Jose

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